22 de febrero de 2012

Principios y procesos de una situación plural

Sobre los recuerdos, lo personal y lo de todos… la vida, los libros y los que ya no están…

 

Habíamos quedado en que hoy tocaba hablar de política, y adelanto que la intención se roza con el artículo de Patrick Schumaker publicado en AR y la carta abierta ofrecida como contestación por Léopold Lambert, ambos documentos reseñados recientemente por Metalocus. Lo haremos, no nos agobia la prisa, pero no puedo evitar hoy asumir un paréntesis. Y es que nos desborda la vida. O su ausencia, o su relato, que viene a ser lo mismo.

 

Me explico: ayer tarde tuvimos una imposible doble vida y sesión -simultánea- en Barcelona ya que por una parte Paul Auster presentaba en el CCCB su autobiográfico "Diario de Invierno", que pudimos olisquear gracias a los tweets de Karma Peiró, y por otra se presentaba en el COACatalunya una publicación de la Fundación Caja de Arquitectos, también de sesgo biográfico pero a través de miradas ajenas, dedicada a Enric Miralles, que fué la opción por la que optamos, motivados por la colorida, rgb completo, oferta de ponentes: Emilio Tuñón, Luis M Mansilla, Llàtzer Moix y Josep M Rovira.

 

De Auster hemos leído que su discurso se condujo en la ratificación de un tiempo personal en el que explora la reconstrucción de sus principios. Ofrece un proceso en el que el impulso autobiográfico le permite "compartir esas observaciones con los lectores para, quizá, tratar de encontrar puntos de conexión que les desvelen algo sobre su propia vida, sobre nuestra existencia". Y claro, nos obligará al refugio de la lectura de sus palabras y del reencuentro con lo nuestro. Lo haremos.

 

De Miralles nos queda desde ayer un capítulo entero por atender que, tal y como advirtió un iluminadísimo, locuaz y vehemente Tuñón, no es libro sino maleta, y es maleta a la manera de las "conferencias de maleta", de Ramón Gómez de la Serna. Una advertencia amparada en los muy personales y sentidos textos-objeto -que no greguerías- de Enric Granell y Rafael Moneo, respectivamente sobre "el amigo con el que íbamos de librerías…" y sobre "el doctorando ilegible y profesor…" Miralles. Emilio asumió estos dos como sus personales hallazgos en la publicación. No habló del resto, quedó pendiente, obviando a través del silencio -lo no construido- no tanto una desvalorización cuanto una distancia, quizás. Un umbral. Posiblemente sea, la de Emilio ayer, una de las más lúcidas e intencionadas intervenciones públicas que podemos recordar desde hace mucho tiempo, en este caso escuchando a un arquitecto hablar desde su esfera personal de las cuestiones personales de otro arquitecto. De la vida, de sus vidas, de sus libros.

 

Tuve ocasión de compartir algunos cursos con Enric Miralles, como profesores y cómplices de la misma cátedra en la ETSABarcelona, pero tuve también antes el privilegio y el vértigo de atender una petición suya, y de Carme Pinós, escribiendo un artículo en 1988 sobre la manera de trabajar de la pareja "pensar dialogado" en la, entonces, revista del COAAragón -Bloc- . Tiempo después la confianza del colegueo me animó para pedirle "destapar" sus claves mas personales en sendas manifestaciones: una conferencia en 1992, en la bienal zaragozana, que tituló con Benedetta "así no se juega" en la que cargaba contra los automatismos de proyecto y, simultáneamente, describía su fascinación por los lugares de oriente -fue publicada por electa en un monográfico de la BAUZ- y una entrevista, en 1996 -afilada pícaramente por Fernando García Mongay, en el café-gourmet de WAM-, en la que no se le preguntó por el peluquero pero si por su costumbre de fumar habanos, entre otras cuestiones… muy personales: sus fracasos, sus desacuerdos, sus libros, su vida personal.

 

Y bien, ayer tuve la sensación, de un modo mucho mas brutal de lo que podía imaginar a priori, de estar asistiendo a algo pendiente desde hacía mucho tiempo: algo así como la lectura colectiva del capítulo final de un libro que ha estado durante años en la mesilla. Un libro, maleta, grueso. Sensación de algo así como darte cuenta, sin remisión, de que Enric ya no está, y sin embargo darte cuenta también de que ha de ser en la lectura cruzada y simultánea de sus palabras, de los recuerdos propios y de las palabras de otros donde el tiempo se pueda detener (para, Luis, dejando así a ese tiempo estar ni delante ni detrás) y donde la memoria hecha vida reemerge para permitir entender -desvelar, dice Auster- su materialización: una arquitectura que enseña cómo era una gente, sus cosas y rituales personales, su vida… y los libros que leyó. 

 

Eché de menos en algo así, tan vital y simultáneamente abstracto por letrado, la compañia de Pep Quetglas, todo se ha de decir: no ha de faltar su objeto en esta serniana o duchampiana "maleta del viaje" de Enric. Pep debiera ocuparse del neceser, cuando menos, que antaño completaba la maleta, siendo imprescindible.

 

Por su parte Auster parece que también terminó por enredarse y enredar en los recuerdos que persisten en su memoria. Sus asuntos personales, su vida, su libro, su particular y necesaria arquitectura. Fresco, lúcido y motivador.

 

Una buena tarde y noche, esta vez en Barcelona.

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[Luis Moreno Mansilla, después de compartir con muchos compañeros y amigos una hermosa tarde falleció en Barcelona el 22 de Febrero de 2012]

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