5 de febrero de 2025

tercer extracto 

Luis Mansilla y Emilio Tuñón*:

algo que ver con el placer íntimo de la lectura…
El aprendizaje de la arquitectura tiene algo que ver con el placer íntimo de la lectura, de los viajes y de las conversaciones en voz baja, con amigos… En la Escuela que nosotros vivimos de estudiantes, existía una actitud colectiva agresiva y mucha crítica interna entre todos los miembros de nuestra generación. Por otra parte, la proximidad de los maestros (Oiza, Moneo y Navarro Baldeweg) llevaba consigo una cierta transformación instantánea, su presencia te llevaba a abrir una puerta y descubrir que detrás existía un mundo infinito con el que podías interactuar, una caja negra llena de sorpresas que estaba esperando a ser abierta…

A menudo decimos que el conocimiento de la arquitectura es similar a una silla con cuatro patas que le dan estabilidad: la enseñanza, la investigación, la crítica y la práctica. La enseñanza tiene que ver con la vocación de ampliar el campo de conocimiento a la sociedad. La investigación se refiere a la construcción de las obsesiones privadas. La crítica tiene como objetivo ampliar la capacidad de análisis de la realidad. Y la práctica tiene la finalidad de llevar a cabo la confrontación entre obsesiones privadas y necesidades públicas. Alguien podría decir que las cuatro no son necesarias para la estabilidad y que podría bastar con tres, o incluso con dos…
A nosotros nos interesa también la sensación de seguridad que dan los cuatro apoyos.

(*) con intervenciones de Luis Díaz Mauriño en la conversación (>>> escuchar podcast)

Agentes: Carlos Ferrater
Autoría de la imagen: Félix Arranz