17 de noviembre de 2008

Contexto: respuesta a una serie de artículos, sobre las nuevas generaciones de arquitectos catalanes, de Oriol Bohigas y Josep Maria Montaner.


Publicado: diario AVUI, enero de 2003.

CARTES PER ANAR TIRANT

A JM Montaner y Oriol Bohigas

Ser Arquitecto, incluso joven, en Catalunya

Admirados y apreciados Oriol y Josep María,

Cuando nos referimos a los ‘jóvenes arquitectos en Catalunya’ es necesario atender de manera completa hechos y situaciones en los que las motivaciones, discurso, investigaciones y realizaciones de dicha generación tienen lugar. Esto obliga a que la identificación de los agentes que intervienen supere la elemental dualidad exclusiva de ‘obras y discurso’ para atender cuestiones de un espectro algo más amplio, como son las acciones colectivas y sociales, las publicaciones en medios no necesariamente disciplinares, las investigaciones académicas, profesionales, tecnológicas y comerciales, además de la sociedad de contexto, las relaciones personales, etc.

Así, identificar como los dos patrones vigentes y relevantes para quienes están en la arquitectura en los tan queridos Enric Miralles e Ignasi Solà-Morales puede resultar una deficiente simplificación.

Puede que haya otras maneras, simplemente diferentes, de estar en arquitectura. Catalanas, por otra parte, eso sí.

Durante todos estos últimos años una serie de arquitectos jóvenes han abordado con su acción plataformas y sistemas de enlace entre generaciones, entre espacios geográficos y entre disciplinas. Es un hecho conocido y documentado aunque quizás no excesivamente publicitado. Pienso que sin considerar los resultados de su labor es inútil conceder legibilidad a la situación que discutís y anuncio que muy probablemente palabras como éxito o fracaso sean inadecuadas para evaluar su papel ya que no es la aspiración del éxito social o mediático la que conduce estas actitudes. Es puro y natural ‘fer feina’, -ir trabajando- en la mayoría de los casos.

Por motivos diferentes en cada caso considero que los jóvenes Carles Llop, Xavier Costa, Ana Puig-Pey, Manel Gausa, Juli Capella, Ignasi Pérez-Arnal, Josep María Baquero y los todavía más jovenes BOPBAA son arquitectos pertenecientes a esta generosa especie autóctona. Como que lo suyo no es una cuestión de liderazgo, sino todo lo contrario: de creación y animación de diversas plataformas de enlace, no debe sorprender que la lista sea de más de uno o dos.

De hecho, en la medida en que la prueba del nueve es: ¿qué has organizado, hecho, construido o preguntado tú que les es útil, les sirve o pudiera formar parte de la cultura -social, técnica, profesional, académica, etc- de tus contemporáneos?, y en la medida en que algunos de los hechos que reivindico en algunas ocasiones me han incluido en este grupo me atrevo a argumentar y reclamar la existencia de estos ‘arquitectos que enlazan’.

La coherencia del tránsito de cada uno de estos profesionales se aprecia en que no son en absoluto casuales las posiciones que actualmente ocupan, o que han abandonado, cada uno de ellos en el status profesional y en el entramado de instituciones profesionales, culturales y universitarias que oficialmente definen nuestra arquitectura.

Esta consideración sobre la existencia y el papel del rol de enlace resulta especialmente patente en la inciativa universitaria de la ‘nueva’ escuela de arquitectura en Barcelona, la ESARQ de la UIC, y en la persona de su Director Alberto Estévez, genuino y generoso ‘arquitecto que enlaza’ catalán.

¿Cómo?.

Pues en una simetría que recuerda el ‘factor’ Moneo en Barcelona hace más de 25 años, ahora en un actualizado factor de personas multiplicado por diez -así son los tiempos-: jóvenes y laureados* arquitectos madrileños, gallegos, aragoneses y sevillanos conviven académicamente con arquitectos europeos y americanos y con arquitectos catalanes como Enric Massip, Josep Miàs, Joan Callís, Judith Leclerc, Emiliano Rodriguez, Rafa Díez, Josep Cargol, Mamen Domingo y Ernest Ferré, Enric Serra, Elena Mateu, BOPBAA, Guillem Carabí, Conxita Balcells, Antonio Sanmartín, Elena Cánovas, Rosa Rull, Amadeu Santacana, Carles Puig, Judith Leclerc, Elena Fdez Salas o Lidia Planas y se sorprenden a sí mismos en un real y cotidiano encuentro universitario basado en un simple pero eficaz hecho: Trabajar juntos.

Más, trabajando durante un curso entero desde el primer hasta el último curso de carrera en laboratorio con los estudiantes, es el caso del curso actual, en los huecos teóricamente consolidados del inmenso Districte de Sant Martí de Barcelona: lo que no es ni Villa Olímpica, ni Diagonal Mar, ni 22@, ni Fórum 2004. Y no por considerar pendientes dichos huecos, sino por entender que en la lectura de sus ‘mutaciones o no’ posibles estará la ciudad real, la que no es parque temático.

Eso ocurre en la ESARQ, ahora mismo****. La reunión, el atrevimiento a ‘invitar’ a los de fuera a convivir y trabajar, aprendiendo de ellos aunque sin dejar de abandonar el trabajo y el compromiso y discursos propios, es el tipo de hechos que ocurren aquí, que marcan el carácter catalán.

Como ocurrió antaño, está ocurriendo ahora.

Es responsabilidad de la ESARQ conseguir evidenciar lo que ocurre en su interior, démosle tiempo para ello. ¿O es que hay prisa?.

Como en este caso, en tantos otros parece necesario arrojar luz sobre el modo en que diferentes hechos de ‘enlace’ se han producido en los últimos años y sobre ‘en manos de quienes’ han estado, quienes los promueven y quienes los ocultan. De eso veo que os animáis a hablar en vuestro interesante cruce de cartas, y se os pide que sigáis.

También parece necesario, y se os agradece a ambos, poner en evidencia esa realidad, si: muda y subterránea, de los que desde hace unos cuantos años impulsan desde Barcelona lo que en ocasiones, inapropiadamente, absorbe como propio la productiva** y justamente prestigiada pero también voraz relación de arquitectos denominados como la generación ‘Escuela de Barcelona’. Una generación que -cuando menos- ha tapado las dos generaciones posteriores. Porque, en realidad, ¿Cuántas generaciones incluye esa generación?

Resulta iluminador entonces constatar los movimientos y declaraciones públicas y privadas últimas de integrantes significados de esta generación ‘Escuela de Barcelona’ que apuntan a la voluntad de desligarse, de desvincularse de su propia generación. Como si se hubiese dado algún tipo de aviso de extinción, de agotamiento de la especie, como si perpetuarse fuese la motivación objetiva. ¿Es esa la prisa?

Es posible que dos de las variantes de razas locales ancestrales de arquitectos catalanes estén en peligr
o de extinción, y es posible que no, pero no quiere eso decir que la especie esté acabada o se haya vuelto estéril. A los arquitectos les ocurre exactamente lo mismo que al conjunto de su sociedad, no se distinguen especialmente. Puede que la histórica dependencia orgánica de esta profesión con los ‘príncipes’ y con los ‘líderes’ esté pasando ahora su factura. Al menos a las generaciones ‘mayores’.

Entonces parece posible ser arquitecto en Catalunya e incidir en su realidad física, política y social sin necesidad de adoptar los patrones ancestrales, pero tomando en consideración nuevas preguntas: ¿Hasta qué punto es necesario que los nombres propios de arquitectos sean populares y en cursiva, quién lo necesita? ¿Puede ser el anonimato el valor de una generación, un logro social? O ¿Es el anonimato sólo la aspiración de cualquier generación para con las siguientes?

Por si acaso, por si el esfuerzo es el de ofrecer nombres y patrones alternativos aporto algunos de ellos, aunque no del todo desconocidos***.

* Tuñón y Mansilla, Ábalos y Herreros, Federico Soriano, Patxi Mangado, José Morales, Basilio Tobías, Gabriel Allende, Javier Revillo, Ricardo Sánchez Lampreave, Luis Feduchi, José Alfonso Ballesteros, Carlos Quintans, Néstor Montenegro, Juan Coll, Juan Beldarraín y los extranjeros Eleni Gigantes, Pietro Caruso, Kas Oosterhuis, Dennis Dollens, Mark Goulthorpe, Kelly Shanon, Dietmar Steiner, Roger Riewe, Duncan Lewis.

** Sobre esta cuestión de la productividad y sobre el solape de generaciones (o mejor, la necesidad que una generación puede tener de las siguientes para resolver sus compromisos profesionales) es muy ilustrativo comparar la producción de proyectos y obras arquitectónicos con la de la composición y producción musical. En ambos casos bajo la titularidad de un autor contribuyen en la realización de ‘proyecto’ y obra numerosos agentes. Son muy pocos los músicos que producen un disco por año, y cuando es así se les considera altísimamente productivos. Así, cabe preguntarse por el ‘techo’ productivo de un profesional en arquitectura, y por lo tanto por el valor real de autoría de cualquier generación respecto de sus producciones.

*** Puede que palabras como joven y anónimo, en arquitectura y hablando de arquitectos, sean sinónimos. Así se explican algunas confusiones cuando de un arquitecto se conocen sus obras pero no se conoce su edad, y a la inversa. Algunos extranjeros, cuando transitan por nuestro país, se sorprenden al saber las fechas de nacimiento de Enric Miralles, o de Iñaki Abalos y Juan Herreros, por ejemplo, ya que los imaginaban más ‘viejos’. En cambio cuando de otros arquitectos sólo conocen una obra, o los descubren por primera vez inmediatamente asumen que se trata de un ‘joven’. Es una anécdota, exagerada pero real, pero recuerdo un correo electróncio de una estudiante mejicana solicitando contactar con el ‘joven’ Coderch, descubierto en las páginas de la revista WAM. El correo se recibió en verano de 1998.

**** El texto describe la situación de la ESARQ UIC en 2003. La situación a la fecha de la republicación en este blog, en 2006, es otra, con nuevos o diferentes actores, aunque esencialmente basada en la acción de un profesorado netamente generacional. Entre otros cambios, yo mismo dimití de la dirección del área de proyectos en Marzo de 2004, Alberto Estévez dejó también la dirección, que en este momento recae en Jaume Valor. En la actualidad no tengo vinculación con la escuela de la UIC, excepto en el aprecio por buena parte de las personas que allí conviven hoy como profesores o estudiantes.

Félix Arranz

Arquitecto