ETSAs… BIM?

1 de agosto de 2023

1748. Or xata

[SCALAE, editorial

“Recorrer el camino que va de una situación inicial indeterminada y confusa a una situación determinada y capaz de dirigir una acción transformadora es lo que denominamos proyecto.”

DPA ETSAB UPC, 1997, Apuntes sobre un primer curso de Proyectos,
 por Lluís Clotet y Elías Torres, arquitectos

 

Cualquiera de las personas que han asumido la dirección, o cargos en juntas directivas, de Escuelas de arquitectura en nuestro país ha escuchado una y otra vez reproches -no siempre amistosos- del rectorado correspondiente por el hecho de que “vuestra escuela es diferente del resto de las facultades del campus y eso es llamativo, incluso interesante, pero nos complica”. O mas: “vuestra escuela nos dicen que es estupenda, va bien, pero no es la escuela que queremos”.
De hecho, si no lo tengo mal entendido, originalmente las primeras escuelas de arquitectura se evitaban estos tragos ya que fueron totalmente autónomas, no adscritas a ninguna universidad. Fueron algo así como una universidad completa. Hemos de suponer que eso permitió ser… “como se debía ser”, de acuerdo a su propio tiempo y de acuerdo a su proyecto de formación universitaria conducente a la profesión de arquitecto.

Viene esta cuestión al caso cuando se evidencia que, poco a poco, las cuitas administrativas y laborales que rigen actualmente como prioridades en las universidades, tanto públicas como privadas, están alejando dramáticamente la aspiración por recuperar la antigua autonomía y, quizás, también ese ser “como se debe ser”. Es opinión.
La dependencia administrativa de las direcciones de escuelas de arquitectura, pendientes de rectorados en los que la presencia de arquitectos (profesionales) es nula o testimonial*, Bolonia, la organización mayoritaria de las universidades en departamentos transversales, la LOSU y el despellejar del profesorado asociado, la exclusividad obligada del profesorado permanente… terminan por ser estocadas que, sumadas, quizás desdibujen el “cómo se debe ser hoy” liquidando -cancelando- dos cuestiones trascendentes: “los arquitectos se caracterizan, su oficio se caracteriza, por el hecho de proyectar arquitectura” por una parte y por otra “los estudios universitarios de arquitectura son el camino para la obtención de las atribuciones profesionales como arquitectos”. Es también opinión.

En ese contexto general tenemos una estocada mas, reciente, puede que letal, o casi. La versión local, sevillana, del diario ABC publicaba tan apenas hace unos días esta noticia: “Ingenieros y arquitectos de Andalucía cursarán los dos primeros años comunes y elegirán especialidad en tercero”
Una situación que entiende arquitectura como especialización de ingeniería. Esto no es opinión, es indiscutible, es un hecho.

No será aquí donde pongamos puertas al campo y asumimos que pasará lo que decida la autoridad competente de turno, que son hoy en día los rectorados y la necesidad de reflotar la economía universitaria. 
Pero nos resulta evidente que la necesitad de salvar administrativamente las universidades está llevando al hecho de que se desatiendan los contenidos y competencias que debe cubrir una formación que conduce a la profesión de arquitectos en favor de cuestiones puramente curriculares, administrativas y laborales de profesorado. La consecuencia: avanzar en el “igualar” de arquitectura respecto de otras carreras, especialmente de las ingenierías. 

Ficción: de seguir este camino podría no tardar mucho en proponerse la re-denominación de la carrera de arquitectura superior como de “ingeniería superior de arquitectura”, en una formación de competencias dominada por aspectos meramente técnicos e instrumentales, asociados a la noción de “programación” y en detrimento de la formación orientada al “proyecto” como labor fundamental, integradora y transversal, en arquitectura.
Es tiempo óptimo –antes de que se de por buena la difícil ironía de Oriol Bohigas de prescindir de la materia “proyectos” en las escuelas de arquitectura– para reescribir el libro blanco sobre la formación profesional como arquitectos, separar tendencias profesionales y, quizás, dejar que existan y persistan por una parte “Escuelas universitarias de arquitectura” e “Ingenierías superiores de arquitectura” y, por otra, “Escuelas profesionales de arquitectos”. Son, sin lugar a dudas, formaciones diferentes y, ojalá, en un futuro autónomas y orientadas a profesiones complementarias.

Estoy seguro de que la conferencia de direcciones de escuelas de arquitectura y el Consejo Superior de los Colegios de Arquitectosestán metidos de lleno en esta labor y discusión/preocupación.

Por cierto… BIM es fabuloso como instrumento de control y gestión, pero es instrumento y cultura del… ¡programar! no tiene nada que ver con la cultura del proyectar, francamente. BIM será pronto BAM, o BUM… u otra denominación instrumental de un nuevo software, metaversial, todavía mas potente para el dimensionado y control milimétrico de la construcción de arquitectura. BIM ya es algo contractual o legalmente necesario, en ocasiones, y puede que pronto sea una opción profesional para quien quiera especializarse en esa manera de documentar los proyectos.
BIM pudiera que fuese una troncal en esa supuesta “Ingeniería superior de arquitectura”.

Pero BIM no es proyectar, es hoy por hoy, con suerte, parte del “pasar a limpio” lo proyectado, es formación, oficio y profesión diferente -antaño se denominaba delineante, incluso «delineante proyectista” a este hipotético «ingeniero BIM en arquitectura»-; debiera ser otra carrera diferente. Que nadie se confunda, por favor, substituyendo en las carreras de arquitectura la materia “proyectos” por la antimateria proyectual “BIM”. Que nadie se confunda, eliminando la arquitectura y la noción de proyecto del paisaje universitario. No se lo pongamos tan fácil a la Inteligencia Artificial. Y ordenemos las cosas, cada cosa en su sitio, cada carrera con su troncal. No nos confundamos**.

Y tú… ¿Cómo lo ves?

Félix Arranz
Arquitecto y editor de SCALAE

 

(*) Presencia imposible debido a la exigencia de exclusividad del personal permanente (catedráticos, “titulares”, agregados, lectores, etc) universitario. En cuanto a la dependencia… esa dependencia de los rectorados termina por convertir en algunos casos a las direcciones de ETSAs en gerencias que tramitan las decisiones de los rectorados, como seguramente ha ocurrido en Sevilla. (es opinión, si).
En otros casos, en los que las juntas de escuela tienen peso… las direcciones pasan a ser gerencias de intermediación entre la junta de escuela y los rectorados. Para mas inri no son pocas las escuelas de arquitectura con una dirección bicéfala al haber impuesto los rectorados una simultánea “jefatura administrativa” que es la responsable real del presupuesto y de la administración del personal no docente. Malos tiempos para la lírica de las antiguas, poderosas, direcciones de ETSAs. Algunas facultades, ingenierías de caminos, han salido del paso reconstruyéndose como departamentos únicos. Pero para eso hay que tener presencia, peso e influencia en los rectorados. Ánimo, direcciones de ETSAs… hay que intentarlo.
(¡Ah! todo es opinión.)

(**) ¿oficio de arquitectos? ¿proyectar? Para quienes buscan síntomas, pistas o dosis… pueden ser reveladoras las cápsulas de la serie «Trazas Trazos Trozos …de arquitectura»en las que arquitectos y arquitectas desgranan su labor y resultados evidenciando su simultánea condición profesional y de oficio.

Ilustración: imagen alterada, recompuesta, de pantallazo de la noticia publicada en el diario ABC el 27 de junio de 2023 sobre la confluencia en los dos primeros cursos de las titulaciones de arquitectura e ingeniería.