DOCUMENTOS

02 de junio de 2014

...precisiones sobre Álvaro Siza y Granada, por Juan Domingo Santos

_g-jdms_big
Juan Domingo Santos

Juan Domingo Santos
Ficha | Web

Álvaro Siza

Álvaro Siza
Ficha | Web

palabras del arquitecto y profesor garnatí sobre Álvaro Siza con ocasión del discurso de laudatio en la investidura del maestro portugués como doctor honoris causa de la Universidad de Granada

[con la autorización de su autor para scalae]

Sigue la transcripción traducida de las palabras del discurdo de Laudatio del arquitecto, profesor y doctor Juan Domingo Santos para con Álvaro Siza Vieira con motivo de su investidura como doctor honoris causa por la Universidad de Granada, el 23 de mayo de 2014, en el Crucero del Hospital Real de Granada. 

Sr. Rector Magnífico de la Universidad  de Granada. Excelentísimas e Ilustrísimas Autoridades. Miembros del Consejo Social y de Gobierno de la Universidad de Granada. Miembros del Claustro Universitario. Colegas de Granada y de otras Universidades que hoy nos acompañan. Arquitectos y Arquitectas. Estudiantes y profesores. Señoras y Señores

Quiero empezar esta laudatio agradeciendo en nombre de los profesores y estudiantes de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura a su director, el profesor Emilio Herrera Cardenete, la propuesta de nombramiento de Doctor Honoris Causa por esta Universidad del arquitecto portugués Álvaro Siza Vieira, al Rector Magnífico por darle curso hasta el punto de hacer suya la iniciativa, y al Claustro Universitario por su unanimidad en la concesión de esta máxima distinción académica. Nuestro más sincero agradecimiento por cuanto este acto supone para el presente, y supondrá para el futuro, de nuestra Escuela de Arquitectura. También quisiera agradecer personalmente al profesor Francisco González Lodeiro, Rector Magnífico de esta Universidad, y al Director de la Escuela de Arquitectura, que me hayan concedido el uso de la palabra en este acto.  

Intentaré no defraudar el honor recibido de apadrinar esta investidura de un arquitecto referente de la cultura artística de nuestro tiempo y personalidad clave para entender la transición cultural contemporánea. Nos encontramos ante una figura única y excepcional del panorama internacional, constructor de arquitecturas en Europa, América y Asia, maestro de arquitectos de varias generaciones y profesor en diferentes universidades europeas y americanas. Baste citar la Universidad de Pensilvania, la Escuela Politécnica de Lausanne, la Universidad de Harvard y la Escuela de arquitectura de Oporto, el gran número de centros académicos en los que ha impartido docencia. Durante las dos últimas décadas catorce universidades de todo el mundo le han otorgado la distinción que hoy le concede la Universidad de Granada, relación de nombramientos que dan idea de la importancia de este laureado arquitecto y su influencia en la formación de arquitectos de entornos culturales muy diferentes. 

Estamos ante un autor de obras maestras de la arquitectura contemporánea cuya actividad ininterrumpida se inició allá en 1954. Su labor está acreditada por numerosas publicaciones especializadas, exposiciones y libros, un legado teórico y práctico que se proyectará en generaciones futuras. Sus trabajos abarcan programas diferentes, desde la casa hasta el museo, aunque siempre bajo el compromiso de su inserción y continuidad en el contexto, un conjunto de creaciones artísticas y técnicas de primer orden que mejoran la vida de las personas que las habitan.

La calidad y relevancia de sus obras y de las ideas en las que se basan, se refleja en los numerosos premios recibidos y las instituciones artísticas a las que pertenece, como la American Academy of Arts and Sciences,  Real Academia Sueca de Bellas Artes, Academia d´Architecture de France o el Royal Institute of British Architects. Entre sus muchas distinciones baste citar el Pritzker del año 1992, considerado el Nobel de la Arquitectura. No haré una extensa semblanza de distinciones y premios, ya que muchos de ellos son conocidos por todos los presentes y su sola enumeración sería prolongada. 

Antes de detenerme en la personalidad de Álvaro Siza, en su dimensión pedagógica como creador y arquitecto, quisiera subrayar la trascendencia de este momento para el futuro de nuestra Universidad. Tiene lugar la investidura de Álvaro Siza en coincidencia con dos acontecimientos significativos, el aniversario de los veinte primeros años del nacimiento de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Granada, y la prevista inauguración el próximo curso académico de su nueva sede en el antiguo Hospital Militar en el Campo del Príncipe, un espacio arquitectónico que despertará renovadas ilusiones entre estudiantes y profesores y que ayudará a regenerar la vida y la estructura social del barrio histórico del Realejo. La intervención quizá convierta a la Escuela de Arquitectura de Granada, eso es lo que deseamos y esperamos, en uno de los mejores edificios del mundo destinados a la enseñanza de arquitectura ubicado en un centro histórico. Para conmemorar estos acontecimientos, nada mejor que vincular a Álvaro Siza Vieira a esta Universidad y al futuro de nuestra Escuela, que comparte objetivos comunes con la portuguesa dentro de la denominada escuela ibérica. Sería difícil encontrar otro arquitecto que contara con el respeto y la admiración unánime con los que cuenta Álvaro Siza en numerosas generaciones de arquitectos españoles, andaluces y granadinos.

Que Álvaro Siza sea un arquitecto admirado e influyente no es fortuito, ha dejado en nuestro país ejemplos significativos de arquitecturas que nos permiten comprender y reconocer nuestro entorno cultural, revelándonos que la arquitectura es un arte de la naturalidad y el anonimato. Uno de los secretos de su obra es la capacidad para aliar la sencillez con la excelencia, hacer y decir conceptos sustanciales de manera sencilla. Estamos ante un arquitecto que satisface por igual al crítico especialista y al ciudadano. Tiene la capacidad de aunar la modernidad de su tiempo con el pasado, lo evidente con lo misterioso, lo sublime con lo cotidiano. Su obra es el resultado del contacto con los lugares, con los paisajes, con las personas, con la historia y con los objetos, convertidos todos: paisajes, personas, historia y objetos, en argumentos de sus trabajos y reflexiones. La imaginación y la poética que despliega con su mirada envuelven la realidad de las cosas, su razón de ser.

Desde los grandes maestros del siglo XX escasas figuras han sido tan valoradas y estudiadas. Sus obras forman ya parte de la historia de las creaciones de nuestro tiempo, creaciones que, como diría el escritor Milan Kundera, construyen una tradición cultural basada en la conciencia de la continuidad, un proceso creativo fundado en las relaciones entre tradición e innovación. Sus obras se originan desde el interior de la historia, sin oponerse al pasado, revisando la tradición de unos hechos vistos bajo la luz de su tiempo, consciente de que la consideración de lo moderno es perecedera y que la tradición es un desafío a la innovación. Con Álvaro Siza emerge la arquitectura y su conexión con la historia más allá de las aproximaciones miméticas. Acostumbra a decir que “el arquitecto no inventa nunca nada”, de ahí que conceptos como transformación e interpretación constituyan los pilares básicos sobre los que se sustenta un trabajo minucioso que resuelve con naturalidad las dimensiones del tiempo, también de su tiempo.

Siza Vieira fue profesor de Construcción, de Teoría de la Arquitectura y de Proyectos en la Escuela de Arquitectura de Oporto; aunque más allá de la labor docente universitaria persiste en él una actitud pedagógica que se extiende a toda su actividad artística y de la que poco o nada se ha hablado hasta ahora. Me refiero al trabajo en su estudio, a las conferencias que pronuncia por todo el mundo, a sus escritos y dibujos y a la manera en que aborda estas tareas aparentemente dispares. Detrás de ellas se descubre un pensamiento común que justifica unas decisiones muy meditadas, una actitud  pedagógica que explicaría el conjunto de sus trabajos a través de cuestiones como la continuidad y la discontinuidad, el contexto o la historia. Su explicación, por ejemplo, del proyecto Atrio de la Alhambra y las libertades para intervenir en este conjunto patrimonial, o escucharle hablar de las relaciones entre el Palacio de Carlos V y los Palacios Nazaríes, son siempre un ejercicio docente de aprendizaje para un arquitecto, una lección de cómo abordar una intervención sobre el patrimonio sin renunciar a poner en práctica la arquitectura de nuestro tiempo, lejos de cualquier tipo de anacronismo.

Es un hombre observador que atiende a lo que pasa a su alrededor y pregunta, su mirada es la de una persona melancólica que escucha ensimismada mientras dibuja sobre un papel enigmáticas figuras, como si estuviera en otro mundo y hubiera sido despertado en este, como si estuviera siempre pensando, siempre concentrado, con ese aire profundo, con esa saudade que acompaña su mirada larga e infinita.

Persona de pocas palabras, emplea el dibujo como una pedagogía de la concentración para investigar y explorar, para presentar y explicar sus intenciones a los demás, pero también para aislarse y reencontrarse con las cosas. Detrás de cada dibujo, detrás de cada detalle, se encierra un código de adiestramiento para conocer y descifrar las relaciones más insospechadas. Los dibujos más reveladores son las series interminables de croquis en los que se propone captar la atmósfera y el ambiente de los lugares donde proyecta. En su texto Profesión Poética cuenta que le gusta dibujar en las cafeterías porque se concentra con facilidad en los lugares anónimos, en los ambientes cotidianos, y que cuando comienza a fijarse en la marca del café que toma es que ha llegado el momento de cambiar de sitio por otro donde todo vuelva a ser de nuevo diferente y anónimo. Le gusta el dibujo, la escultura, la poesía y la escritura, si bien su obsesión es la arquitectura. Una actitud poética envuelve en una dimensión humanística sus creaciones. 

Las relaciones de Álvaro Siza con Granada han sido singulares y emocionantes, nada convencionales, casi siempre han partido de nuestra admiración y, por otro lado, del deseo de que la arquitectura contemporánea tuviera presencia en nuestro Centro Histórico. Aún recuerdo la recogida de firmas del año 1996 para que el Ayuntamiento aprobara el proyecto del edificio Zaida, que congregó al colectivo de arquitectos y ciudadanos encabezados por el profesor Javier Fernández, entonces presidente de la Delegación del Colegio Oficial de Arquitectos, y los escritos de apoyo en periódicos locales y nacionales a favor del proyecto. El edificio vio la luz gracias a la movilización de los arquitectos, una experiencia que implicó debate y participación ciudadana en el transcurrir de la ciudad. Antes, había formado parte del jurado en el concurso para la sede del Colegio de Arquitectos en la Casa de los Zayas, un antiguo edificio de la ciudad histórica que ganarían los profesores de nuestra universidad Rafael Soler y Francisco Martínez en el año 1991. En la escuela, un grupo de estudiantes de la primera promoción elaboraron en 1996 un cuaderno de viaje en el que quedaron atrapados para siempre entre sus páginas los dibujos que hizo el maestro portugués de nuestra ciudad, enlazados con las palabras de María Zambrano y de Juan Luis Trillo

En sus viajes a Granada ha tenido contacto con profesores de la Universidad, entre otros, Antonio Cayuelas, Luis Ibáñez, Emilio Herrera y José Navarro. Recuerdo la inquietud con la que el profesor Miguel Ángel Graciani, nunca indiferente a los avatares de la arquitectura, preguntaba a Álvaro Siza hasta qué punto en la construcción del edificio Zaida había renunciado a las aspiraciones iniciales del proyecto. Me acuerdo también de una comida singular e irrepetible en la excavación a cielo abierto del edifico Zaida, bajo las medianeras de la ciudad antigua, que permitió conversar a un grupo de estudiantes con el profesor Juan Calatrava sobre la arquitectura y la memoria de la ciudad en un día de Navidad. También recuerdo el primer curso de verano sobre arquitectura, celebrado en nuestra Universidad bajo el título “Arquitecturas frente al mar”, que contó con su presencia en una época en la que se iniciaba con ilusión la enseñanza de la Escuela. Me consta que nunca olvidará la visita que hizo a la Alhambra junto a Saénz de Oiza y a Emilio de Santiago, un paseo entre arquitecturas, jardines y poemas, ni el mirto del Patio de los Arrayanes que María del Mar Villafranca, Directora del Patronato de la Alhambra, le colocó en la solapa de su chaqueta en un gesto de bonanza y buena suerte, o la exposición de dibujos y pinturas de Matisse en la Alhambra que tanto le fascinaron. Más tarde, en 2005, ganaría el Premio de Arquitectura de Granada por el edificio Zaida ex aequo con la arquitecta granadina Carmen Moreno, y en 2011, el concurso Atrio de la Alhambra. Recuerdo de este proyecto el primer croquis y una maqueta improvisada con recortables de papel que hizo en la cafetería del hotel América en la Alhambra, y más recientemente, las reuniones con Francisco Lamolda, arquitecto responsable de la Conservación del Monumento, y sus paseos con Álvaro Siza desentrañándole detalles y lugares recónditos de este espacio, así como las palabras del arquitecto Víctor Pérez Escolano, quien me precedió en la investidura del maestro portugués en la Universidad de Sevilla hace escasamente tres años, describiendo en su laudatio los innumerables lazos que unen a Álvaro Siza con Andalucía y Granada. Han sido muchas las personas de nuestra ciudad que han disfrutado de su presencia y de su saber en los últimos veinte años, desde que iniciara el trabajo para la realización del edificio Zaida hasta hoy, inmerso en lo que él mismo ha definido como el proyecto de su vida, el Atrio de la Alhambra.

Recuerdo cómo empezó todo. Mi viaje a Oporto recién terminada la carrera a finales de los 80 movido por el deseo de conocer personalmente al autor de unas piscinas entre rocas en el Atlántico que había estudiado en la Escuela de Sevilla, y nuestro primer encuentro en su estudio de la Rua da Alegría. Me acuerdo de una sala con mesas de dibujo y paralex, un cuadro de una figura femenina sin acabar en un caballete y a Álvaro Siza sentado entre dibujos y libros. Envuelto en humo y tazas de café, dibujando los croquis de algún proyecto. Le regalé un libro de Granada y mi sorpresa fue cuando comenzó a hablar de sus viajes a nuestra ciudad mientras tatareaba la canción “Andaluces de Jaén” de Jarcha y recitaba poemas de Lorca. Me di cuenta que Granada y Andalucía formaban parte de su mundo desde hacía mucho tiempo.

Me contó que siendo niño viajó acompañado de sus padres por España. De esos viajes recuerda el que hizo a Barcelona donde conoció la obra de Gaudí, y especialmente el viaje a Granada, en el que quedó profundamente impresionado por la Alhambra, donde reconoce que comenzó a aprender arquitectura y a descubrir que sería arquitecto. Desde entonces hasta hoy, la Alhambra le ha acompañado en sus trabajos, influidos por la enseñanza de esta arquitectura atemporal y maravillosa. En los primeros años de 1990 inició el proyecto del edificio Zaida y sus viajes a Granada comenzaron a partir de ese momento a ser frecuentes, una ciudad que siempre le ha acogido y por la que siente una predilección especial. Le gusta Granada por su paisaje, por el patrimonio, la cultura y la historia que encierra, un lugar de aprendizaje para un arquitecto moderno. Álvaro Siza no ha dejado nunca de mostrar su interés y el atractivo que para él supone proyectar en Granada, donde la historia se muestra tan sugerente y explícita. Es precisamente ahí donde reside su contribución como creador dentro del panorama contemporáneo. Pasará a la historia por innovar desde la tradición, en un momento de recuperación de la identidad histórica de la ciudad y su arquitectura, mediante el reencuentro sensible con la historia y sus valores patrimoniales. Cuestiones desgraciadamente olvidadas por la especulación, por una política nefasta de insensibles dirigentes y por el excesivo protagonismo de algunos arquitectos.

La arquitectura de Siza Vieira es equilibrada y anónima, también reveladora y fascinante, tiene la capacidad de sacar a la luz las relaciones ocultas que encierran los lugares y las cosas. En cierta ocasión, mientras trabajábamos en el edificio Zaida, me hablaba de la belleza de lo oculto y de la necesidad de aspirar a la perfección en aquellas cosas que en apariencia no se ven pero se perciben en el ambiente, algo que un buen arquitecto debe saber detectar y captar. 

Sabio en el difícil equilibrio de tomar decisiones que atañen a las transformaciones de la ciudad, del centro histórico y de la periferia como complementarios de una relación recíproca. Comenta que lo que más le interesa al intervenir en una ciudad es mantener la continuidad, el carácter y la atmósfera del lugar, y esto solo se consigue valorando el conjunto de relaciones en el que coexisten la arquitectura de la ciudad y sus elementos de una forma equilibrada. Para Álvaro Siza la historia es un hilo conductor. Sus escritos y su producción arquitectónica debaten sobre relación y complementariedad, sobre mantener la identidad y el espíritu de los lugares, sobre continuidad y transformación. “Veo cada obra terminada como una primera piedra, el resto lo hace la historia y el tiempo”, acostumbra a decir.  Muestra de este pensamiento es la reconstrucción que llevó a cabo del barrio lisboeta del Chiado destruido por un incendio en 1988, que fue objeto de una exposición en el crucero del Hospital Real de esta Universidad en 1994, con un interesante texto crítico del profesor Ángel Isac, y la recuperación de la casa patio que preservó en el interior del nuevo edificio Zaida, una arquitectura histórica en el corazón de una arquitectura moderna, un magnífico ejemplo de implantación urbana que muestra que es posible conservar e intervenir al mismo tiempo. Hoy, por desgracia, esta casa está abandonada.  

Decía su maestro Fernando Távora que Álvaro Siza atesoraba las tres cualidades que ha de tener todo creador: talento, constancia en el trabajo y paciencia, a las que además se une una profunda ética profesional en todo lo que hace y su amor por el trabajo bien hecho. Sin duda, la precisión, el rigor, la perseverancia, el equilibrio y la mesura de sus trabajos, son y serán un buen ejemplo para los arquitectos de hoy y de mañana. 

Tengo el privilegio de trabajar con él y puedo decir que siente una profunda admiración por Lorca y Picasso, de quienes hace referencia constante. De Lorca conoce su obra, admira la frescura de su poesía y el paisaje de sus palabras, recita sus poemas en voz alta cuando dibuja. De Picasso conserva algunos dibujos en las paredes de su estudio de Oporto junto a otros de la Alhambra, con sus patios y jardines. Hoy, formando parte de su memoria, Granada contará en el presente y en el futuro con el mejor Álvaro Siza para el mejor lugar de España y del mundo: la Alhambra.

Hace poco, cuando recibió la noticia de su nombramiento como Doctor Honoris Causa por nuestra Universidad, me comentó emocionado: “Quién me iba a decir cuando era niño y venía a Granada que un día construiría en la Alhambra y que recibiría esta distinción de la Universidad.” Palabras de orgullo que muestran su vinculación a esta ciudad desde siempre, donde se le admira, se le respeta y se le quiere. Que un arquitecto de esta sensibilidad y conocimiento forme parte de nuestra Universidad es un privilegio para todos los que formamos parte de la comunidad universitaria, que ayudará a concienciar a las futuras generaciones de la importancia de formar a los arquitectos en una ética, con sensibilidad hacia la sociedad, la historia y el patrimonio, un legado cultural que nos atañe a todos.

Por todo ello pido al Señor Rector Magnífico que tenga a bien proceder a la Investidura del Profesor Dr. D. Álvaro Siza Vieira como Doctor Honoris Causa de esta Universidad de Granada. 

Juan Domingo Santos 

Fuente: Scalae

Ref. scalae.net

Publicado por Scalae , 02 de junio de 2014 7:15

Agentes: Juan Domingo Santos, Alvaro Siza Vieira

Autoría de la imagen: Antonio Cayuelas

Imprimir Enviar
Añade tu comentario