¿Quién protege hoy a los arquitectos del mundo?

22 de mayo de 2026

Martin Heidegger y Elfride Heidegger en su cabaña en la Selva Negra. ref: «Unten und oben», btbwarchietcture.com.

 

[SCALAE]

La arquitectura que nos hace humanos: por qué necesitamos proteger a los arquitectos del mundo
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En plena emergencia habitacional, los arquitectos siguen siendo los únicos profesionales capaces de sintetizar técnica, ética y estética para crear ciudades habitables. Sin embargo, su profesión está siendo literalmente asediada por honorarios precarios y concursos oscuros que, confundiendo gasto con inversión, premian lo barato sobre lo bueno. Algunos municipios españoles se están rebelando. Es hora de que otros les sigan. Una doble rebelión está en curso: la de los profesionales y la de las ciudades. Pero mientras tanto, ¿Que nos aportará el Congreso de la UIA en Barcelona a los arquitectos? ¿Quién protege hoy a los 3,5 millones de arquitectos del mundo?

    En el corazón de cualquier ciudad habitable late una realidad profunda y sencilla: la arquitectura no consiste solamente en construir, sino en galvanizar la habitabilidad de las personas. Su propósito esencial es crear espacios donde se pueda vivir con dignidad, donde el techo proteja, el lugar invite a soñar y la condición humana sea respetada.

    La habitabilidad no surge de la suma mecánica de especialidades -ingeniería, economía, normativa, sostenibilidad- sino que es el resultado de un acto de síntesis que solo el proyecto arquitectónico puede ofrecer. Un proyecto que trasciende los aspectos parciales, los pondera, los valora y los integra en una propuesta intencional que equilibra lo útilcon lo bello, lo inmediato con el futuro.

    Richard Sennett describió a los profesionales contemporáneos como “artesanos de bata blanca” y los arquitectos encarnan ese espíritu: sintetizan, proponen, concretan y suman. Resuelven. No son meros técnicos; son profesionales que convierten necesidades en lugares con sentido.

    Hoy, en plena emergencia habitacional mundial que conlleva la necesidad de construir decenas de miles de viviendas dignas cada año, los arquitectos representan la única profesión decisiva. Son quienes garantizan razonabilidad y equilibrio, ética y estética, el techo y el sueño, el respeto al patrimonio y una mirada al futuro. Ninguna inteligencia artificial puede hoy reemplazar la capacidad humana de comprensión integral de nuestro somatismo, del cuerpo y la experiencia sensible. La IA puede calcular y responder, claro, pero no preguntar, habitar o soñar por nosotros.

    Sin embargo, en España, esta profesión se encuentra asediada, menospreciada y ahogada. Está contra las cuerdas. Un cúmulo de errores sociales mancomunados -desde la cultura del “más barato” hasta la burocratización extrema- ha llevado a una falta de respeto suicida tanto para las personas como para las ciudades.

    Los honorarios indignamente bajos precarizan no solo a los modestos -aunque estratégicos- despachos de arquitectura, sino el hábitat futuro de todos. Cuando se premia la baja económica en los concursos públicos, se penaliza la calidad, se desincentiva la dedicación profunda, se bloquea el acceso de los jóvenes a la profesión y se siembra un urbanismo mediocre que pagaremos durante décadas.

    Afortunadamente, algunos municipios españoles inteligentes ya están dando un golpe de timón, se están rebelando, luchan contra la lógica perversa de la subasta de honorarios y exigen concursos limpios donde prime, por encima detodo, la calidad de la propuesta arquitectónica. No es un gasto, es una inversión. En ellos, la baja económica ha pasado amejor vida, ya no pinta nada, o sirve solo como indicador negativo de la gran perversión del sistema. “Tanto bajas, así te perjudicas”, podría ser su lema.

    “Demos” en griego significaba barrio además de pueblo,  de modo que estos ayuntamientos rebeldes apuestan por la civilidad y la cultura. ¿No deberían hacerlo todos? Apuestan por el “demos” físico, por la “urbs” matérica entendida como espacio compartido de supervivencia y calidad que hay que cuidar. Y entonces los resultados no tardan en llegar: surge pronto unaimagen de marca positiva que atrae residentes, que cualifica el territorio y que genera un círculo virtuoso. Se corre lavoz: allí se puede soñar. Porque habitar el mundo también es eso: primero un techo seguro, después un lugar desde el que sentir que todo encaja y tiene sentido. Habitabilidad es la palabra clave.

    Proteger a los arquitectos no es un favor corporativo. Es una exigencia de responsabilidad colectiva, política. Solo si les damos las condiciones dignas para trabajar podremos exigirles después excelencia, innovación y compromiso ético. Están esperando ese gesto de confianza. Y si no lo hacemos, estaremos perdiendo un tiempo precioso en la construcción del país que necesitamos. Sin embargo, además de estos ayuntamientos pioneros, ¿hay alguien al otro lado del teléfono en condiciones de perder el miedo?

    La emergencia habitacional no se resolverá solo con más metros cuadrados, sino con más calidad arquitectónica. Necesitamos ciudades donde se viva mejor, no solo más ciudades. Y eso solo lo conseguirán manos y mentes profesionales que aún crean en el valor infinito de hacer las cosas bien.

    Los municipios que ya han entendido esto están construyendo no solo edificios o espacios públicos, están construyendo ciudadanía futura con la “urbs-arquitectura” como factor constitutivo y decisivo de cohesión social en ciudades progresivamente pluriculturales y pluri-lingüísticas. El resto hará bien en seguir su ejemplo cuanto antes. Porque una sociedad que desprecia a sus arquitectos acaba despreciando, en el fondo, su propia forma de habitar el mundo.

    Cuando el CSCAE, en nombre de la UIA, impulsó el año 2017 el convenio con la UNESCO que creó la capitalidad mundial de la Arquitectura en la ciudad donde se celebrara el Congreso trianual de la UIA, máximo y único representante de la profesión en el mundo, ciertamente no estaba pensando en un certamen académico, como tantos hay. Estaba pensando en generar una oportunidad política para proteger a una profesión imprescindible, es decir a los tres millones y medio de arquitectos del mundo para avanzar y mejorar sus condiciones de trabajo. La pregunta es: ¿Que nos aportará el Congreso de la UIA en Barcelona a los arquitectos españoles? ¿Quién protege hoy a los arquitectos del mundo?

    Jordi Ludevid i Anglada
    Manresa, 22 de mayo 2026
    EX DECANO DEL COAC
    EX PRESIDENTE DEL CSCAE
    EX PRESIDENTE DE UP
    EX VICEPRESIDENTE DE CEPLIS Y DE UMP

    Jordi Ludevid i Anglada
    Barcelona, 1950. Arquitecto y urbanista.
    Consultor municipal. Investigador paisajes culturales. Asesor del Puerto Bcn. Delegado del Bages-Berguedà, Decano del COACatalunya 2006-2010, Presidente del CSCAE 2010-2018 y de la Unión Profesional española, vicepresidente de CEPLIS y la Unión Mundial de Profesiones 2015-2018
    Impulsa AULA Profesional itinerante y publica el libro Una Ciudad de Profesiones -2020- del que está escribiendo la segunda parte…