El lema planteado por Iñaqui Carnicero y Carlos Quintáns para el Pabellón de España de la Bienal de Venecia 2016, sirve como punto de partida para retratar la situación actual del Hotel Deportivo Victoria
2 de marzo de 2016

[Zetas] El entorno Balneario de Panticosa se ha convertido en un enclave reconocible del Pirineo aragonés, siendo a día de hoy un lugar de referencia para excursionistas y aficionados a la montaña. Ubicado en un paraje natural de belleza invariante, el aspecto del complejo termal asociado al mismo ha visto modificada su fisonomía con el paso del tiempo, experimentando sustanciales cambios en los últimos tres lustros.

Descubierto por los romanos en el siglo I, poco se sabe de los manantiales de Panticosa hasta el primer cuarto del siglo XIX, cuando su titularidad pasa a manos privadas para ser explotados como casa de baños. A la conclusión del XIX y hasta mediado el XX, el Balneario vive su época dorada, convertido en lugar de peregrinación para la alta burguesía y siendo visitado por ilustres de la época como Ortega y Gasset o Ramón y Cajal, que consignan allí periodos de reposo y tratamientos con aguas medicinales. Sus instalaciones, construidas a más de 1.600 metros de altitud sobre un enclave descubierto por los romanos, cuentan para entonces con más de una treintena de edificios de distinta escala, a los que se añadirán piezas hoy emblemáticas como el Gran Hotel o el Casino.
 
Tiempo después, mientras un incipiente arquitecto portugués de apellido Siza da sus primeros pasos como estudiante en la Universidad de Oporto, Panticosa inicia un periodo dónde languidece hasta los albores de los años ochenta. Posteriormente, tendrán lugar varios cambios de manos, quedando como propietario mayoritario el Ayuntamiento de Zaragoza y sin experimentar el complejo mejoras sustanciales. Años más tarde, en 2000, un grupo inmobiliario adquiere los Baños de Panticosa con la intención de llevar a cabo un ambicioso proyecto, contando con primeras espadas de distintas disciplinas y donde la arquitectura no queda al margen de dicho planteamiento.
 
Confluyen entonces en este paraje aragonés rodeado por un circo de cumbres que rebasan los 3.000 metros las sinergias de los dos únicos Premios Pritzker de la península ibérica hasta aquel momento: el español Rafael Moneo y el luso Álvaro Siza Vieira. Mientras al estudio del navarro se le encomienda la reurbanización del complejo así como la rehabilitación del Casino y el Gran Hotel entre otras labores, el portugués queda al cargo del diseño de un edificio de nueva planta que alberga el programa necesario para la estancia y entrenamiento de deportistas profesionales.Desde 2003 y durante algo más de cuatro años, se trabaja con intensidad en Baños de Panticosa cambiando sustancialmente la morfología paisajística y urbana del lugar.
 
Llegado 2008 y tras la abrupta explosión de la burbuja inmobiliaria que afecta de lleno al proyecto del complejo, la revista de arquitectura El Croquis publica una minuciosa monografía acerca de la figura y obra de Siza. Sobre su portada se adivina el estudio del portugués, donde conviven profesionales, planos y maquetas. De estas últimas, la maqueta de un edificio que parece cerrarse sobre sí mismo ocupa un lugar preferencial en ella. Desde luego, no se trata de una de sus obras más reconocibles o mediáticas como el Pabellón para la Exposición Universal de Lisboa o el Centro Gallego de Arte Contemporáneo en Santiago de Compostela, pero tampoco de un concurso olvidado o de una idea que no pasó del esbozo. 
 
La parcela donde se materializa dicha pieza se sitúa en un enclave privilegiado entre el curso del río Caldarés al sur y la mítica Casa de Piedra consignada como albergue al norte. La edificación se acodala en la topografía buscando cierta protección del entorno circundante y acota con rotundidad una suerte de patio interior accesible desde el punto más bajo del terreno, que a través de un recorrido fluido mediante una rampa curva encarcelada por dos grandes muros, posee continuidad con la cubierta vegetada y necesariamente calefactada para mitigar el efecto de las significativas nevadas en la zona. Así mismo, la característica pigmentación blanca del hormigón empleado por Siza en buena parte de sus proyectos contrasta en este caso con los paramentos típicos del Valle, si bien establece cierto diálogo con el revocado claro empleado por Moneo en el Hotel Continental situado a apenas veinte metros. En su interior, alberga un extenso programa -tienda, restaurante, hotel, balneario, pista deportiva, etcétera- que se estructura en base a una superposición de tres niveles que se contaminan entre sí en ciertos puntos estratégicos de la circulación de cada uno de ellos, al igual que sucede con la zona exterior.
 
Casi al compás de la publicación de la citada revista, el tiempo parece paralizado en el Balneario y las obras se detienen quedando el edificio en un estado de construcción bastante avanzado. Pese a tratarse de una tipología inexplorada en Aragón y con la que sí que cuentan otros lugares de la Península, el proyecto de Siza queda enterrado por un m
ar de circunstancias adversas y a día de hoy el tiempo sigue congelado, mientras quedan allí algunos vestigios del intenso trajín de las obras acontecidas en su día y la vegetación se apropia lentamente del edificio.
 
* Hace algo más de tres años, el autor publicó un breve texto acerca de este edificio -cuyo enlace puede encontrarse a la derecha de este artículo- y la situación del mismo, apenas ha variado por la coyuntura actual del lugar.
 
 
 
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