Original publicado el 25 de octubre de 1998 en la iAZ, internet Architecture Zone.
Publicado en SCALAE con ocasión del homenaje a Manel Gausa celebrado el 27 de enero de 2026 en la sede barcelonesa del Col·legi d’Arquitectes de Catalunya
NUEVA ARQUITECTURA «REACTIVA»: MANIFIESTO PRONEISTA
I
Hoy queremos hablar de una nueva VOLUNTAD ARQUITECTÓNICA.
Una voluntad basada en un cambio profundo de miradas, conceptos y actitudes que une entre sí inquietudes compartidas y objetivos comunes producidos, más allá del contexto, en diversos espacios culturales.
Es éste un marco de red que se define más por relación de búsquedas, por complicidad de líneas de acción, que por el seguimiento estricto de dogmas específicos. Un marco que quiere favorecer otros abordajes para nuevos (y viejos) problemas. No quiere únicamente formalizar -o maquillar- situaciones, «coyunturas». Quiere abordar sin complejos, con desenfado, pero también con energía y precisión, aquellas parcelas clave que definen la nueva realidad contemporánea.
Desde la comprensión de la naturaleza de las cosas. Desde la relación con los agentes y los factores que las determinan. Registrando sin inercias los datos del propio entorno y sacando el mayor partido inventivo de las nuevas herramientas.
Propiciando, frente a la progresiva complejidad de los nuevos escenarios, formas y espacialidades mucho más directas y eficaces. Nuevas acciones para nuevas situaciones.
Es ésta una voluntad arquitectónica que calificaremos de «reactiva» y que precisa una nueva «acción crítica» atenta a aquellos fenómenos todavía incipientes. Interrogativa. Con voluntad combinada de conocimiento, de relación y de acción. Una acción crítica en la que importan más las posiciones tácticas que las crónicas neutras, las interpretaciones arriesgadas (imprudentes a veces) más que los «panoramas de actualidad». No se trata, como el entomólogo, de clasificar especies o tipos en categorías o etiquetas cerradas. Se trata, como el explorador, de rastrear pistas, de marcar claves, de abalizar territorios todavía salvajes. Unas veces desde la curiosidad intuitiva, otras desde la precisión intelectual o desde la estrategia programática. Siempre desde la ambición teórica y práctica.
Es ésta una voluntad activista, redefinidora, que podemos también adivinar en muchas otras parcelas de la creación contemporánea (Nueva Literatura, Nueva Filosofía, Nuevas Artes Visuales…) y que habla preferentemente -tal y como acertadamente señala el filósofo Francisco Jarauta- de la necesidad proneista, refundadora e imaginativa de nuestra época.
II
-Interesa, por de pronto, el descaro. Esa capacidad desenfadada de acción que habla de informalismo, a veces de provocación, pero sobre todo de desinhibición (de pérdida de valores sacralizados, de protocolo, de códigos o de prejuicios disciplinares…).
-Interesa, también, la idea de trastocamiento: la confianza en la invención de un marco más operativo a partir de la intervención precisa en una realidad de repente nueva, insólita, redefinida: como el astuto inventor capaz de sacar partido de aquellos elementos más banales reciclándolos, manipulándolos, reinventándolos, reimpulsándolos…
-Interesa sobre todo esa voluntad de infiltración (de «ingerencia», que diría Federico Soriano) desenfadada, activista, alegre, singular, traviesa, impredecible, producida, habitualmente, en escenarios tópicos, sujetos a rutinas (e inercias) reiteradas; desde una voluntad de reformulación positiva de la realidad, producida más que desde la imposición de un nuevo orden totalizador -único-, desde la aceptación táctica de los propios mecanismos de partida en una difícil combinación entre distanciamiento y proximidad. Pero también desde la aceptación de la impureza, de la heterogeneidad, de la singularidad, del mestizaje.
-Desde la aceptación de esa extraña cohabitación contemporánea puede entenderse la arquitectura hoy. Como un mecanismo de reacción, desprejuiciado y positivo a la vez; contundente y atento, individual pero, al mismo tiempo, receptivo a las particulares solicitaciones de los escenarios en los que actúa.
Los medios de comunicación nos enfrentan constantemente a nuevos artefactos mecánicos, -prótesis- que nada tienen que ver con los antiguos miembros dañados que sustituyen. Son elementos funcionales intercambiables (es decir, preferentemente infraestructurales; técnicos más que estéticos); pero al mismo tiempo (y a pesar de su asumido aspecto artificial) en precisa e intransferible acuerdo con el cuerpo receptor a fin de mejor optimizar y transformar sus prestaciones. «Mecanismos reactivos» generados desde una aproximación estratégica y estructural -topológica- al proyecto. Desde lógicas basadas en el cruce de energías, de datos, de tensiones, de corrientes, de flujos y de fuerzas más que en figuraciones.
Formas nuevas definitivamente artificiales, insólitas, heterodoxas, pero más eficaces si cabe precisamente por su definición abierta y receptiva a un tiempo, independiente ya de todo prejuicio ideológico, estético e incluso cultural.
III
Hoy, en efecto, precisamos eficaces «amnesias tácticas» para nuestra memoria. Descodificaciones. La historia como referencia absoluta comienza a ceder ya ante una geografía (o si se prefiere una geohistoria) de datos operativos en la que la Razón, con mayúscula, se sustituiría por el criterio estratégico y la idea de representación dejaría progresivamente paso a la idea de mapa: hipótesis -diagramas- de movimientos para virtuales campos de batalla, en los que el lugar se apreciaría como un potencial cruce de fuerzas y la forma como un vínculo directo de movimientos y de relaciones: una forma eficaz surgida de sistemas más que de composiciones.
Sistemas que confiarían, en todo caso, en su capacidad para fundir en un mismo sistema el rigor conceptual heredado de la modernidad y el choque expresivo propio de la percepción contemporánea.
Es ésta una exploración contemporánea de la «idea límite» (sea éste iconográfico, técnico, espacial, geográfico o simplemente fenomenológico) que acabaría manifestándose, de forma radical, en la utilización expresiva (habitual en muchas parcelas del arte contemporáneo) de lo paradójico.
Nuevas paradojas como instrumentos de acción frente a una realidad abierta, a su vez, a la colisión de fuerzas y referencias. «Paisajes de cruce», «imágenes al filo» de las cosas y de los acontecimientos como construcciones combativas para un nuevo marco creativo y una arquitectura nacidos sin filtraciones embellecedoras, como respuesta directa a registros, demandas o diagnósticos programáticos; una arquitectura definitivamente decidida a recuperar el valor comunicador -expresivo- de la forma.
IV
1– Una arquitectura que no desea seguir propiciando figuras puras, indiferentes sobre un fondo ausente, sino catalizadores de energías: mecanismos de relación. «Campos» más que «prismas».
2- Una arquitectura que prefiere crear paisajes bajo el cielo más que volúmenes bajo el sol; Paisajes operativos no como el «fondo» de la acción (o su residuo), sino como su propia «sustancia». Nuevas «topografías» en las que, incluso, la cubierta de un edificio puede llegar a ser, al mismo tiempo, su principal suelo.
3– Pero una arquitectura que quiere también prestar especial atención a lo «infraestructural». Como dispositivo básico capaz de articular acontecimientos: «malla» donde las cosas se cruzan y se entrecuzan, se mezclan y se solapan, se funden o imbrican sin monumentalizaciones ni jerarquías. Tramas para la relación más que para la continuidad.
4– Una arquitectura eminentemente «estructural» donde los antiguos elementos de transmisión o de reparto de cargas («muros», «columnas», etc.) dejan paso a nuevos conceptos «heterodoxos» de soporte; donde la propia piel de edificio puede extrudirse para ser su sostén. Donde lo isótropo deja paso a lo heterogéneo. Donde lo gravitatorio deja paso a lo mensular. Donde lo euclidiano deja paso a lo fractal.
5– Una arquitectura donde las plantas de un edificio ya no quieren ser simples bandejas superpuestas (platos apilados), sino espacios interconectados, solapados y fluctuantes, cruzados entre sí con toda libertad (como en una virtual cinta de Moebius siguiendo las necesidades directas del programa). Paisajes interiores en los que arriba y abajo son la misma cosa. O en los que dentro y fuera son conceptos que pierden su sentido. Donde algunas veces «crecer» es un movimiento que se produce en horizontal más que en vertical.
6– Es ésta una arquitectura en la que un edificio puede ser nuchos al mismo tiempo. Una nueva arquitectura híbrida, atipológica, de configuración abierta, que llega a aceptar la superposición y cohabitación de códigos genéticos distintos como un valor estimulante: una «anticomposición» o una «nueva composición» heterogénea surgida de desarrollos independientes en convivencia comensalista.
7– Una arquitectura donde la fachadas no quieren seguir siendo durante más tiempo aburridos muros agujereados, sino membranas técnicas elocuentes, comunicativas. Colonizadas por elementos funcionales, capaces de alojar instalaciones y servicios, pero también capaces de soportar manchas, erupciones, grafismos, manipulaciones; coloristas motivos y fantasías (sean éstas personales o colectivas, de aspecto natural o artificial) destinadas a relacionar el edificio con su medio.
8– Es ésta, en todo caso, una arquitectura que quiere ser más económica porque quiere incidir en los procesos. Que prefiere la precisión industrial al remedo artesanal. La investigación técnica plural a la rutina «monodisciplinar». Una arquitectura abierta constantemente a la aportación de otros estímulos para ser más eficaz. Pero una arquitectura atenta, al mismo tiempo, a la realidad de los espacios marginales. Escenarios de fractura, de residuo o de conflicto; o desarrollos deficitarios. Una arquitectura más receptiva, por tanto, a la fuerza de los procesos autoorganizados a fin de propiciar, desde el reciclaje de lo existente, situaciones más optimistas y cualificadoras.
9– Es ésta una arquitectura, en cualquier caso, que odia por igual la pretenciosidad «dandi» y el puritanismo «erudito»; que prefiere la franqueza directa de la comunicación compartida, el carácter estimulante del lenguaje publicitario; la fantasía expresiva del cine, de la televisión, de los medios de comunicación contemporáneos.
10– Es una arquitectura, pues, destinada a crear también nuevos escenarios en el mundo de lo virtual. Paisajes nuevos para territorios nuevos.
11– Una arquitectura que quiere, en efecto, sacar el máximo partido de las nuevas herramientas. Utilizarlas no sólo como «transmisores», sino como «agentes» comprometidos con el propio diseño de una forma entendida siempre desde su definición más abierta.
12– Es ésta, en efecto, una arquitectura que reclama una forma más comprometida que distante, más enérgica que elegante, más salvaje que «purista», más colorista que austera.
Una forma expresiva, a menudo, en stand by, en estado de latencia, paralizada en un instante preciso, dentro de un movimiento virtualmente evolutivo y teóricamente abierto en el tiempo. Una nueva forma, extravertida, capaz de comunicar sus propios movimientos y tensiones interiores; más inquieta y elocuente, lejos de la retórica simbólica, histórica y, también, lejos de la dureza seca moderna.
13– Es ésta una arquitectura, quizá, algo iconoclasta.
Tiene un cierto cariño por los abuelos -por su idealismo pionero-, pero desconfía de los padres -por su vocación «protectora»- y se distancia de los hermanos mayores por su excesiva docilidad disciplinar.
14– No quiere reproducir el pasado con nostalgia. Tampoco quiere imponer un nuevo orden absoluto, totalizador.
No quiere ser una cabaña. Tampoco una máquina.
En una realidad excitante precisamente por la asunción de su carácter débil, minusválida, no quiere ser ni un miembro reproducido ni un garfio implantado, sino una prótesis contemporánea bella, extraña, funcional y (re)activa. Un nuevo esqueje sinergético que, sin renunciar a su autonomía formal (su artificialidad), sea capaz, sin embargo, de convertirse en un mecanismo cómplice a fin de aumentar las prestaciones del anfitrión. Redefiniéndolo y potenciándolo.
15– Es, en definitiva, una arquitectura nueva y revulsiva por las formas, las estructuras, los espacios y las soluciones que propone, pero también por las actitudes, las sensibilidades y las narraciones que estimula. Una arquitectura joven, no tanto por la edad de los protagonistas que la impulsan sino por su carácter incipiente. Por su desarrollo y definición todavía iniciales, embrionarios.
En varios países, sin embargo, está empezando ya a dar algunos de sus mejores frutos. En otros pronto comenzará -esperemos- a hacerlo.
Manel Gausa, Barcelona, 1998
(aparece en la iAZ el 25 de Octubre de 1998)
video con intervenciones diversas emitido con ocasión del homenaje a Manel Gausa celebrado en el COACatalunya el 27 de enero de 2026

