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21 de agosto de 2009

193 Campus Ultzama 2009 /2 SCALAE PODCAST

Campus Utlzama (2ª parte)

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Félix Arranz

Félix Arranz
Ficha | Web

Carlos Cámara

Carlos Cámara
Ficha | Web

Santiago Carroquino

Santiago Carroquino
Ficha | Web

 ecosistema urbano

ecosistema urbano
Ficha | Web

Carlos Ferrater

Carlos Ferrater
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Andrés Jaque

Andrés Jaque
Ficha | Web

Patxi Mangado

Patxi Mangado
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Fredy Massad

Fredy Massad
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 MMASA Studio

MMASA Studio
Ficha | Web

Carlos Quintáns Eiras

Carlos Quintáns Eiras
Ficha

 Zuloark

Zuloark
Ficha | Web

192 Campus Ultzama 2009 /1 SCALAE PODCAST

192 Campus Ultzama 2009 /1 SCALAE PODCAST
Campus Ultzama (1ª parte)

Duración: 1 h 29 min 0 s
Edición del podcast: Laura Acosta
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Segunda parte del podcast Scalae en el que se recoge el debate que se originó durante el primer Campus Ultzama, organizado por la Fundación Arquitectura y Sociedad. En esta mesa redonda se habla del panorama arquitectónico en España, es decir, de pasado, presente y futuro; de teoría y práctica; de principios y procesos; de generaciones "próximas"; de construcción y especialización; de la relación de la arquitectura con la sociedad...

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  • Fernando Alonso. Estudiante Arquitectura dice... 04 de septiembre de 2009 11:13

    Lo que se echa de menos en esta sociedad española es la sinceridad. La mentira prima sobre la verdad; la ética y la moral ya no existen. Tanto en los medios de comunicación, en la política, en la educación… como en el campo de la arquitectura. Todos tratan de confundirnos, de crear inestabilidad, añadiendo más y más capas creando un sistema complejo que en muchos casos se convierte en complicado. El sistema premia a los listos y no a los inteligentes. Quizás tendemos a lo simple y a lo genérico dentro de una sociedad que se considera plural.

    Sólo sé que un alto porcentaje de la arquitectura que me rodea no es sincera en cuanto a sus materiales y métodos constructivos, pero sí en cuanto a su economía de ejecución. Me refiero, entre otras muchas arquitecturas, a viviendas unifamiliares en el norte de España. La gente común con un salario medio prefiere una casa de estructura de hormigón, cubierta de teja (o pizarra según la zona) y paredes de ladrillo hueco doble revestidas con un aplacado de piedra que simbolice una casa rústica o tradicional a pesar de que los habitantes desarrollen una vida completamente urbana y “postmoderna”. La clave de esta contradicción radica en la carencia de formación (sobre todo lo que llamamos falta de gusto estético), pero también en la incertidumbre y en la economía.

    El campesinado ya sabemos que ha muerto, pero sus hijos aún lo recuerdan. El alimento era una cuestión vital y por tanto la incertidumbre estaba al orden del día y de ahí la sacralización del territorio (cruceiros en Galicia, misas encargadas al cura de la parroquia para que lloviese o no en Asturias, ofrendas, etc). Arriesgaban lo mínimo y por este motivo las viviendas que se hacían respondían a una tipología ya comprobada por otro vecino (y no eran de arquitectos) muy acorde a sus labores y a su economía de subsistencia. Con la llegada de la industrialización esta transmisión de la sabiduría popular que va de boca en boca se rompe. Pero aún perdura una cierta nostalgia por lo antiguo (sobre todo en la estética; recordemos los museos etnográficos, las fiestas populares, los mercados tradicionales como actos lúdico-festivos, las viviendas, los programas de recuperación de molinos de agua que luego nadie los mantiene, etc.). No sucede lo mismo en otros campos como el automovilismo, la comunicación, la industria, la informática, etc. ¿Hay cierta incertidumbre por los adelantos técnicos en la arquitectura? Pues claro que sí. Y si no, recordemos la cubierta plana. Si el agua de lluvia entra en tu casa, por muy bonita que ésta sea, la cubierta plana se desecha. Algo similar sucede hoy en día con los instrumentos informáticos para el diseño de arquitectura. Hasta que no se compruebe que algo funciona, existirá cierto recelo. De ahí la importancia de la construcción, de pensar algo con la finalidad de ser construido.

    Las viviendas “normales” que se han hecho en los últimos treinta años (diseñadas por arquitectos) son peores que muchas de aquellas del campesinado. Están plagadas de puentes térmicos, de disyunciones funcionales y no han sido sensibles con el territorio. Las redes de servicios urbanos que inundan el territorio son un claro testigo. Pero entonces, ¿por qué se han hecho? Pues las razones, entre otras, radican en un abaratamiento de costes de ciertos materiales, de la mano de obra poco especializada del momento y de la facilidad de ejecución. Pero también en la falta de ética de los arquitectos. Los clientes no se preguntan cómo vivir mejor, sino como aparentar más y presumir con el mejor coche y casa del pueblo. Y los proyectistas se lo sirven en bandeja si le llenan bien el bolsillo con dinero. Y todos felices.

    Para que la gente ajena a la arquitectura se interese por ella, uno de los mecanismos que pueden provocar cierto efecto si queremos cambiar algo, es a través de la prensa local o televisiones autonómicas con gente especializada y no con periodistas que venden eslóganes (son pocos los que leen libros, pero son muchos los que compran el periódico de su comunidad autónoma y ven la televisión). La gente tiene más fe en lo cercano sobre todo si le afecta a su bolsillo o intereses. De poco sirve que se junten media centena de arquitectos para debatir la situación actual si los destinatarios del debate pertenecen al mismo ámbito profesional. No nos engañemos. De ahí la importancia de la comunicación de arquitectura no sólo a arquitectos. Recordemos la importancia de las tabernas que decía Henri Lefebvre, de las relaciones entre las personas.

    La clave principal radica en la educación, tanto desde la escuela primaria hasta la universidad. Los alumnos tratamos de buscar referentes éticos, personales y profesionales, pero rara vez encontramos alguno. En la ETSAC hay muy pocos. Desde la cabeza más visible, nuestro director, al cual le interesa más la imagen (fíjense como siempre llega tarde o se levanta antes de terminar una conferencia para llamar la atención) que enseñar buena arquitectura, hasta el profesor mejor capacitado que no respeta sus horarios y/o su palabra. Falta profesionalidad. Y por tanto, ¿qué astillas se esperan de tales palos? Y los estudiantes universitarios no explotamos esta libertad de expresión que se supone que tenemos, de no estar atados a ningún cabo. Es cierto que todos somos culpables.

    Miramos hacia la lejanía y nos encontramos un panorama tan confuso que perdemos el hilo de Ariadna (si es que no lo habíamos perdido antes). ¡Ni el dos por ciento se pone de acuerdo!

    La medicación creo que es seguir aprendiendo sin cerrar ningún frente, procurando hacerlo lo mejor posible y seduciendo a los que tenemos al lado con este mundo tan complejo que llamamos arquitectura.