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Arquitectura, Cultura18 de diciembre de 2014

Marionetas

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...sobre la vida doméstica como representación.

[Jaume Prat] El escritor japonés Osamu Dazai es uno de los paradigmas del genio atormentado. Dotado de una personalidad inestable y autodestructiva, morfinómano y alcohólico impenitente, alrededor de 1948(1), después de entregar su obra maestra Ningen shikkaku (Indigno de ser humano. Traducción española en Sajalin, ed.) dejará (en el umbral de la pobreza) a su mujer y a sus tres hijos pequeños para emprender un viaje crepuscular por los suburbios de Tokio con su amante viuda de guerra que acabará en el suicidio de la pareja. Los cuerpos serán encontrados seis días más tarde en el canal donde se habían tirado, atados por una cuerda roja. 

Cuando, en el año 2002, Takeshi Kitano se propone llevar el bunraku(2) al cine filmando lo que será una de sus obras maestras, Dolls(3). Kitano quiere filmar al hombre como una marioneta del destino. El bunraku es, pues, una metáfora de la vida. La película, que consta de diversas historias casi independientes, culmina en la historia de dos amantes vagabundos que, colocados de alcohol o morfina(4), caminan por el Japón moderno atados por una cuerda roja. Hace falta pensar en el argumento no desde nuestro punto de vista, sino desde el punto de vista de cualquier japonés medianamente culto, que cuando ve a los dos amantes atados por la cuerda roja piensa inmediatamente en Osamu Dazai y en su amante y sabe cómo acabará la historia. Kitano puede usarla sin necesidad de explicarla(5). 

El siguiene paso es incidir en la relación entre lo que hay y lo que se quiere ver propia del género. Para hacerlo el autor decide ponerse en manos de uno de sus colaboradores principales, el modista Yohji Yamamoto. Yamamoto vestirá a los dos vagabundos con un traje entallado para él y un precioso kimono para ella. Es absolutamente imposible pensar en unos vagabundos vestidos de este modo en la vida real: impecables, elegantes. Su aspecto digno se contrapone en cada fotograma con la profunda desesperación que transmiten. Yamamoto puso especial énfasis en el diseño de la cuerda roja que los ata y une sin necesidad de palabras: los amantes miran al vacío, ausentes de todo, incluso de ellos mismos. Kitano responde disponiendo a los dos amantes bajo un techo de cerezos en flor. Las interpretaciones de los actores son extremas, hieráticas, de movimientos exactos, precisos, casi maquinales. La película no es una ventana a la vida, sino a la representación de la vida. No nos podemos meter en el argumento, sino sólo en la película (toda la película: las localizaciones, la fotografía, la música, los vestidos) a través de la belleza sobrenatural de las imágenes. Kitano no homenajea al bunraku. Kitano hace bunraku. Estamos siempre dentro y fuera. Somos los actores. Somos los amantes. Somos, por el simple hecho de mirar la película, los titiriteros que mueven los hilos sin que, a la vez, podamos hacer nada por cambiarlo. 

La representación es la base de la domesticidad. Cómo nos comportamos, cómo vivimos, incluso en nuestra célula más íntima, está basado en rituales, en códigos de conducta filtrados por las formas, que aparecen como intermediarias entre nuestro pensamiento, nuestra voluntad interior y la relación con los otros. La civilización es un filtro. La casa, una escenografía, e incluso en un pequeño apartamento de pocos metros cuadrados los espacios se codifican por ritos, por hábitos. Por filtros entre las diversas actividades domésticas. Y cuando esto desaparece la sensación es de precariedad, de marginalidad, de provisionalidad. 

La arquitectura es también representación. Representación de la construcción. Representación de la ciudad. Representación de un determinado ideal del trabajo. De la vida. De la muerte. De la fiesta. De la domesticidad. La arquitectura es un filtro. Es, como el bunraku, lo que se representa y cómo se representa, unido y codificado para enseñarlo siempre pero para no estarlo viendo constantemente. 

El arquitecto Peter Zumthor vive en el pequeño pueblo de Haldenstein, en un valle alpino de Suiza. El éxito de su empresa le ha permitido construir en una misma parcela su vivienda y su taller. Los dos ámbitos están físicamente separados. Uno es el centro de su vida doméstica. El otro es el centro de su vida pública. Pasar del uno al otro implica atravesar un umbral importante. Implica, por tanto, vestirse de calle. Ponerse la máscara pública, diferente de la más privada e íntima que marca la domesticidad. Es importante darse cuenta de que lo podemos saber porque Zumthor ha documentado las dos partes. Existen fotografías y películas rodadas en el interior de su casa, como un documental que Wim Wenders filmó para la Bienal de Venecia de 2012 sobre el arquitecto, exhibido en un stand diseñado por el propio arquitecto. El documental, exquisitamente fotografiado, muestra las dos facetas de la vida del arquitecto, la privada y la pública. En la primera el arquitecto aparece en su casa preparándose el café de antes de ir a trabajar. La casa es un prisma enfrentado al bellísimo paisaje que rodea la construcción. Sólo la vista relaciona los dos elementos, separados por un vidrio enorme que tenía fama de ser el más grande jamás montado en una vivienda unifamiliar en Europa(6). Un vidrio fijo que separa dos ámbitos y, de hecho, los incomunica. Dentro, la civilización. La elegancia. Una gran altura de techo dignifica cualquiera que se encuentre en ese espacio. El arquitecto, descalzo, vestido enteramente de negro, es el paradigma del gentleman: solo ante la naturaleza, sin ver anda más que puro paisaje, la mínima célula de civilización en un entorno simultáneamente de una gran espiritualidad y de un gran hedonismo: como aquellas chaquetas de terciopelo y esos sillones orejeros que servían para leer cualquier clásico griego. El arquitecto representa esta escena para las cámaras, pero es sencillo darse cuenta que esta representación no tiene nada que ver con la presencia de una cámara. Es la representación íntima, personal, diaria, de un modo de vivir. Es simultáneamente la vida y la representación de la vida. Una casa así(7) impone la vida que representa. Igual que en el caso de Osamu Dazai la casa es una condición inicial, la primera página, y quizá buena parte de las siguientes, del guión que hemos escogido para ser representados: el señor vestido de negro(8) moviéndonos como si fuésemos marionetas. 

 

Notas:

(1) La Segunda Guerra Mundial representa la derrota de la tradición versus la flexibilidad, la adaptabilidad, la capacidad de cuestionarse cualquier decisión partiendo de cero. La derrota de la tradición versus la modernidad. Lo que llevará al país a la crisis profunda ya conocida, la resolución de la cual cambiará el mundo entero.  

(2) El bunraku es el teatro de marionetas japonés. Marionetas de tamaño considerable, desde unos sesenta centímetros hasta medida casi humana, movidas no con hilos, sino directamente por la mano del titiritero, presente en el escenario tras la marioneta, vestido de negro para fundirse con la escenografía. Presente y evidente pero, a la vez, obviado más que borrado en un juego ambiguo, complejo y tremendamente rico de lo que hay y lo que se quiere ver. Las interpretaciones del bunraku (de hecho las de toda la escena japonesa) son extremas. Para cualquier occidental un actor japonés sobreactúa por definición. Para ellos se limita a enfatizar gestos naturales. 

(3) En realidad tiene un punto absurdo hablar de obras maestras refiriéndonos a Takeshi Kitano, teniendo en cuenta que todas sus películas, desde la primera escena kubrickiana de Violent Cop hasta la última, son obras maestras sin excepciones ni fisuras. 

(4) Como el propio Dazai, drogadicto impenitente. Takeshi Kitano también sabe qué es el alcoholismo.

(5) Gran parte de las escenas culminantes de las películas de Kitano pasan fuera de plano. Tal es la economía de medios de su narrativa. 

(6) Pero no he podido comprobar la certeza de este dato.

(7) Y, quizá, cualquier casa. Como mínimo cualquier casa propiedad de alguien con poder económico suficiente como para habérsela podido pagar. 

(8) No sería esta una mala razón para que haya tantos arquitectos vistiendo este color.  

Los amantes atados.

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La casa de Peter Zumthor.

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Fuente: Scalae

Ref. scalae.net

Publicado por Jaume Prat , 18 de diciembre de 2014 13:19

País: Suiza

Ciudad: Haldenstein

Agentes: Peter Zumthor

Edificios: Casa-taller Peter Zumthor

Autoría de la imagen: Takeshi Kitano, Peter Zumthor

Palabras clave: from Jaume Prat
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