DOCUMENTOS

01 de junio de 2004

Cartas para ir tirando

por Oriol Bohígas

Querido amigo, arquitecto, profesor y editor,

He visto el primer número de la nueva revista de arquitectura Scalae que tú diriges y editas. Me gusta mucho por el tono papirofléxico, gestual y transitorio, por el contenido de los textos, por el precio y por la perspectiva de una periodicidad de ritmos cortos. **

Es un acierto hacer una revista que, una vez desplegada, sea una lámina completa de dimensiones 64x47 cm., donde se pueden incluir dibujos de arquitectura a una buena escala y que, debidamente plegada, se lea como una revista de bolsillo. En Barcelona, como tú mismo recuerdas, existe el precedente de una revista literaria -La Mosca- editada gracias al empuje creativo de Beatriz de Moura a finales de los años 60, que adoptaba el mismo sistema. Recuerdo la portada con una gran mosca dibujada por Enric Sió de la que supuraban tantas cacas de excremento como las del número que le correspondía y así la censura no tenía testimonio explícito de periodicidad, algo que el régimen había prohibido. Cuando se llegó a las siete cacas, la revista terminó y la despedida se explicaba con el dibujo de una rociada de insecticida sobre la pobre mosca agonizante. La estructura papirofléxica parece incluso más justificada en Scalae que en La Mosca, donde prácticamente todo eran textos. Con este sistema tu revista es la primera que puede reproducir dibujos grandes, y además, utilizarse, antes de consumirla completamente, como un póster.

Este tono que se mueve entre revista y póster, entre exigencia profesional y periodismo cotidiano es nuevo en revistas de arquitectura. Arquitecturas Bis –diseñada por Enric Satué- se intentó expresar en un tono cotidiano y transitorio entre los años 70 y 80, pero no lo logró completamente porque en este aspecto no fue suficientemente radical -o suficientemente modesta-. La mayor parte de las revistas de arquitectura –de aquí y del resto del mundo- son hoy en día una exhibición de erotismos de lujo y de una publicidad morbosa donde los datos esencialmente arquitectónicos son suplantados por la epopeya de los renders prefabricados. Tu revista, para empezar, es en blanco y negro, una aparente pobreza que ya es un signo de elegancia intelectual. El contenido de los textos, de este modo, consigue un protagonismo cuando en muchas revistas estos textos son episodios claramente secundarios.

Así pues, hablemos de los textos de este primer número. La conversación con Rafael Moneo es el plato fuerte, un plato muy bien cocinado, quizás uno de los mejores resúmenes del pensamiento y de los pensamientos del gran arquitecto. Hay, además, dos artículos polémicos y punzantes que, a pesar de su agresividad, consiguen la simpatía del lector. Los jóvenes arquitectos de BOPBAA se ensañan con una crítica a todas las diferencias sociales de una ciudad como Barcelona que está culminando en un inmenso escaparate de arquitectos del “Hollywood star system” –como decía hace poco Sandy Wilson-, unos arquitectos que lo que más les excita la imaginación “es la máquina perfecta y el lugar sin referencia donde poder desplegar con libertad una imagen de futuro, haciendo invisibles las realidades que estorban, ya que ni las han visto ni nadie les habló de ellas”. La cita de Elías Canetti al inicio del artículo es altamente apropiada: "Yo soy exactamente lo que ves y todo lo que temes detrás".

Josep Quetglas afila y perfila la pluma –habitualmente ya muy afilada- e inicia una sección que creo que tendrá continuidad, alternándose con M. Teresa Muñoz. A partir de un graffiti que encontró que decía: “Putos modernos. Puta basura” castiga duramente al moderno entendido como una falsa bandera que esconde deferencias y corrupciones. La basura es el único producto que es nuevo cada día y por consiguiente "el producto ideal del moderno es la basura y la basura produce como su resultado más completo al moderno". Pero además el arquitecto moderno es el que "ha sido capaz de convencer a alcaldes, políticos y demás agentes publicitarios del negocio inmobiliario de que necesitan algo que sólo él produce, una quinta esencia deseable que sólo él puede venderles: modernidad”. He resumido demasiado –y demasiado mal- este excelente artículo y, por eso, debo aconsejar a los arquitectos –y sobre todo a los estudiantes, todavía miedosos- que no se fíen y se lo lean directamente porque encontrarán muchas materias provechosas.

Te he dicho que también me gustan el precio y la periodicidad. Las revistas de arquitectura valen treinta o cuarenta euros y salen cada mes o cada trimestre. Scalae cuesta tres euros y saldrá cada dos semanas**. Dos cosas importantes que determinan el tono general y la permanente atención a la actualidad y a les polémicas inmediatas que se derivan. Es muy meritorio haber conseguido con este papel de 67x47cm un instrumento eficaz que penetre en la realidad cultural y profesional.

Que vaya adelante!

Oriol Bohigas

Traducción de Roger Miralles, jefe de redacción de SCALAE

(*) N. del T. ‘Cartes per anar tirant’ es una columna del periódico en catalán AVUI en la que el Arquitecto Oriol Bohigas polemiza periódicamente sobre cuestiones de arquitectura, urbanismo y sociedad.

 

Fuente: Scalae

Ref. AVUI

Publicado por SCALAE , 01 de junio de 2004 9:52

Agentes: Oriol Bohigas

Palabras clave: scalae
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